Si hay una comida que sea para mí el paradigma del verano es el gazpacho. Fuente interminable de vitaminas y de refrescantes sensaciones, el gazpacho es uno de esos platos ricos, sanos y bajos en calorías, vamos que lo tiene todo.
Desde la depurativa y diurética cebolla, el ajo, considerado un excelente bactericida, antibiótico y antiséptico natural, el pepino, tan beneficioso para la piel, el vitaminado pimiento o su ingrediente básico, el tomate (remineralizante y desintoxicante), todo en el gazpacho es saludable. Los posibles “aditivos” que se le pueden añadir, como el comino y el pimentón, permiten, además que se convierta en un plato más digestivo y completo. La gastronomía tradicional es sabia.
Luego están también las enormes posibilidades que nos aporta la diversidad y la variedad que aportan las cocinas regionales y el propio gusto. Porque el gazpacho es uno de esos platos que, según la región e incluso la casa en la que te encuentres, varían enormemente: con tropezones, sin tropezones, ingredientes que se añaden o se eliminan, más licuado tipo bebida, más espeso tipo puré…………. y así hasta el infinito.