La bronquiolitis es una de las bestias negras de los meses fríos para muchas familias con bebés.
Llega el invierno y con él todos los virus habidos y por haber. Algunos de éstos causan en los más pequeños de la casa infecciones en las vías respiratorias que en el caso del que voy a hablar hoy se convierten en recurrentes durante este período estacional. Es el caso de los niños que padecen sistemáticamente bronquiolitis y que, para desesperación de ellos mismos y sus padres, no salen de una cuando están ya metidos en otra (como vulgarmente se suele decir).
Lavados nasales, condiciones óptimas de limpieza del aire y humedad, aerosoles, corticoides, antibióticos, visitas constantes a urgencias y hospitalizaciones se convierten casi en rutina.
Lo sé de buena tinta porque es mi caso. Pero este post no es para contar penas sino para compartir esperanzas. Y es que todo se vistió de otro color en nuestras vidas desde el momento en el que conocimos que hay un tipo de fisioterapia (de momento poco extendida pero en auge) que se dedica específicamente a las vías respiratorias (fisioterapia respiratoria). Nosotros concretamente llevamos a nuestro hijo a una clínica (privada, porque la seguridad social no incluye estos servicios médicos aunque sí que lo recomiendan, al menos nuestra pediatra) que se llama Aris. El tratamiento en el caso de mi hijo es paliativo no curativo, pero han conseguido que las dosis de medicación bajen ostensiblemente y que las visitas a urgencias desaparezcan. Además, parece ser que al mantener los pulmones limpios y libres de infecciones se minimizan los riesgos de que se dañen. Así que la fisioterapia respiratoria fue para nosotros el gran descubrimiento.